viernes, 28 de julio de 2017

Casa Brutale



la puerta
del acantilado
siempre estuvo

abierta al mar

Raíz abierta
Ed. Libros del Pez Espiral, 2015

Ángel desquiciado


El ser humano es un ángel que perdió el rumbo […]. Hubo un tiempo en que los hombres, todos ellos, fueron verdaderos ángeles, y entonces tenían la oportunidad de elegir entre el bien y el mal, con lo que era fácil ser un ángel. Y luego pasó algo. Algo fue mal o se rompió o fracasó. Y entonces se vieron ante la necesidad de una nueva elección, no entre el bien y el mal, sino entre el menor de dos males, y eso les desquició, y ahora eran hombres. 

Philip K. Dick
Gestarescala
Ed. Cátedra, 2016

Fot. Alicja Brodowicz

jueves, 27 de julio de 2017

La buhardilla

   
La buhardilla.

A base de esfuerzo y ahorro habían conseguido un mar en la buhardilla. Sólo los domingos lo visitaban, el resto de los días debían contentarse con oírlo bramar. En ocasiones, una mancha extensa y salina de humedad en el techo del salón delataba la existencia de un secreto compartido por todos los de la casa.
—Cuando consigamos nuevos ahorros —decían— compraremos gaviotas y peces voladores.
Y es que trataban a aquel mar casero como si fuera un árbol de Navidad hambriento de sorpresas. Pero nunca pensaron en subirle la maqueta, deslucida, de un transatlántico varado durante décadas en el mostrador de la agencia de viajes de un antiguo huésped:
—Con los barcos llegan los naufragios —advertían precavidos.
Sufrían privaciones con tal de mantenerla y palpitante aquella ilusión, pero no se quejaban.
—Un mar —decían— debe ser parte del destino de los hombres.
De vez en cuando abrían la puerta de la buhardilla, y lo miraban y también lo olían, cuidando siempre de que las olas no acabaran escaleras abajo. Pero sobre todas las cosas lo soñaban, y cada amanecer se intercambiaban sus sueños nunca repetidos.
Y sí alguno sufría de insomnio, se dedicaba a hojear catálogos de aves marinas, pensando cuáles de ellas irían mejor en los amaneceres de aquel mar cautivo. El albatros, quedaba eliminado a la primera: Excesivo —aseguraban—para un mar tan pequeño. Y volvían a remirar en los catálogos por si encontraban una especie de colibrí marino.
Sólo uno de ellos, proclive a las alarmas y a invocar infortunios, les prevenía:
—Cuidado, mucho cuidado —susurraba— pues de estar tanto tiempo encerrado es fácil que acabe por convertirse en un mar pálido, un mar de escaso azul y mucha ojera.
Entonces, subían todos, y, ante las aguas contenidas, derramaban unas cucharadas de tinta estilográfica. Y el mar azuleaba agradecido, salpicando con su espuma las paredes tapizadas de la vieja buhardilla.

Rafael Pérez Estrada
El muchacho amarillo
Ed. Plaza & Janés, 2000

Fot. Víctor M. Alonso

Gratitud


Gracias aroma
azul,
fogata
encelo.
Gracias pelo
caballo
mandarino.
Gracias pudor
turquesa
embrujo
vela,
llamarada
quietud
azar
delirio.
Gracias a los racimos
a la tarde,
a la sed
al fervor
a las arrugas,
al silencio
a los senos
a la noche,
a la danza
a la lumbre
a la espesura.
Muchas gracias al humo
a los microbios,
al despertar
al cuerno
a la belleza,
a la esponja
a la duda
a la semilla
a la sangre
a los toros
a la siesta.
Gracias por la ebriedad,
por la vagancia,
por el aire
la piel
las alamedas,
por el absurdo de hoy
y de mañana,
desazón
avidez
calma
alegría,
nostalgia
desamor
ceniza
llanto.
Gracias a lo que nace,
a lo que muere,
a las uñas
las alas
las hormigas,
los reflejos
el viento
la rompiente,
el olvido
los granos
la locura.
Muchas gracias gusano.
Gracias huevo.
Gracias fango,
sonido.
Gracias piedra.
Muchas gracias por todo.
Muchas gracias.
Oliverio Girondo,
agradecido.

Se miraron


Al cruzarse en la calle Preciados se miraron a los ojos y supieron en el acto que estaban hechos el uno para el otro. Pero ambos tenían prisa —él iba a visitar a un cliente, ella tenía hora en la peluquería— y, tras un instante de vacilación, cada cual siguió su rumbo.

Rubén Abella
Los ojos de los peces
Ed. Menoscuarto, 2010

Fot. Dennis Stock

Palabras poco usuales


Ludibrio, contumelia y vilipendio

Con significados de la familia del escarnio, el desprecio y la mofa.
Pero no hay sinónimos idénticos.

Ludibrio es un vocablo procedente del latín ludibrĭum, es la burla maliciosa, hecha a alguien con insulto y desprecio, el escarnio pertinaz… la acción y las palabras puestas al servicio del maldiciente en perjuicio de alguien…

Roque Barcia Martí (1821-1885) fue un filósofo, lexicógrafo y político español, autor de Sinónimos castellanos, donde podemos encontrar los matices que diferencian los términos.

“…El ludibrio ofende
La contumelia se parece al desprecio.
El vilipendio, a denigración.
El ludibrio, a escarnio.
La contumelia nos convierte en nulidad.
El vilipendio, en vileza.
El ludibrio, en juguete.
Un ánimo esforzado, una conciencia entera, un espíritu valeroso, podrá soportar la contumelia; podrá tener lástima del vilipendio; difícilmente tendrá fuerzas para ser superior al ludibrio.
Recordaremos las relaciones anteriores.
La contumelia nos desprecia.
El vilipendio nos envilece.
El ludibrio juega con nosotros…”

Fot. Steven Klein
para L'Uomo Vogue, 1994

miércoles, 26 de julio de 2017

Autoayuda


Persuadido de que debía abandonar la inmensa pradera de la nicotina, leyó un libro de autoayuda, y para su sorpresa consiguió dejar de fumar. A los cuatro meses comprobó que había engordado siete kilos, de modo que compró un libro de dietas adelgazantes. Ingirió varios litros de agua de sirope y abandonó la perniciosa costumbre de mezclar grasa con hidratos de carbono. A los nueve meses se diría que su figura se había estilizado tanto como agriado su carácter. Pasó un período de inestabilidad emocional, que sació mascando chicles de clorofila y gominolas, lo que le ocasionó un intenso y prolongado meteorismo, que superó tras la lectura de un clásico de la gimnasia espiritual; aprendió a respirar a la manera de los yoguis; extirpó las últimas adherencias de su antigua y malsana vida —la leche, los huevos, el café— y decoró su apartamento de soltero según los principios del Feng Shui. Al cabo de dos años, era otro hombre. Una mañana se miró en el espejo y vio un rostro exento de toxinas, transparente, de mirada fanática. Para aliviar la tensión acumulada por tanta ascesis, adquirió un libro donde aprendió los principios del tantra sexual. Como quiera que su ánimo había adquirido una extremada sensibilidad psicosomática, se sometió a varios tratamientos que aliviaran su hipocondría: acupuntura, piedras sanadoras, chikung, santería cubana, reiki, chamanismo del Altiplano, campanas tibetanas, psicomagia y regresión prenatal. Hastiado de sí mismo, abandonado por sus amigos y sus concupiscentes compañeras de viajes iniciáticos, encontró consuelo en el diván de un psicoanalista, argentino quien al cabo de tres años le hizo saber que su ansiedad se debía a algo tan pedestre como un pecho exangüe que no sació su pulsión succionadora de bebé. Una tarde maldijo a su madre, entró en un bar, compró un paquete de Marlboro y pidió un whisky. Acodado en la barra, con la primera y tóxica calada de tabaco supo que la rueda de sus hábitos volvía a girar y ascendía hacia el techo, como los aros de humo que ya expulsaba con pericia de cowboy.

Ed. Demipage, 2008

Girl in Car, 1960

Nudos


No me aprecio a mí mismo.
No puedo apreciar a nadie que me aprecie.
Sólo puedo apreciar al que no me aprecia.
Aprecio a Jack,
porque no me aprecia.
Desprecio a Tom
porque no me desprecia.
Sólo una persona despreciable
puede apreciar a alguien
tan despreciable como yo.
No puedo querer a nadie
a quien yo desprecie.
Como quiero a Jack
no puedo creer que él me quiera.
¿Cómo puede demostrármelo?

Ed. Marbot, 2008

Walk

Dentro


Lleva a cuestas un silencio pegajoso en el que no se reconoce. En algunas paradas lo abre, abre el silencio como abriría un durazno, pero dentro no hay nada, no hay ninguna dulzura, no hay dentro.

Ángel Zapata
Materia oscura
Ed. Páginas de espuma, 2016

Fot. David Heath
The Art Institute, Chicago 1956 

La luna y el elefante rosa



He olvidado ya hace tiempo
la dócil lentitud de los molinos.

Mucho antes de la hora de los vagabundos,
y a través de arboledas heladas,
caminé largamente hacia la mansedumbre.

Busqué los prados donde pastan
los bueyes más antiguos.

Mi voz será como un paréntesis de duda.


Como una garrapata


He leído sobre una mujer en Nueva York a quien le habían robado el bolso. Qué mala suerte, ¿eh? Pero, ¿sabes qué más hizo el ladrón? Empezó a enviarle sus cosas de vuelta, una a una, en las ocasiones especiales de la vida de la mujer. En el bolso tenía un Filofax en el que había apuntado la fecha de su aniversario, los cumpleaños de sus hijos y cosas así. Así que, en su primer cumpleaños tras el robo del bolso, se encontró en el buzón su carné de conducir junto con una tarjeta de felicitación del ladrón. Lo siguiente fue su certificado de nacimiento. Y así siguió. Una historia perversa, pero igualmente curiosa, ¿no? El hombre quería asustarla. Había dado con la mejor forma de atormentarla durante años. No quería robar el bolso, sino meterse en su vida como una garrapata.

Ed. Factoría de ideas, 2007
Trad. de Omar El-Kashef

Godfather Death


Apresúrate, amiga Muerte,
señora Tiranía,
cada mensaje que lanzas
es un baile,
la contracción de un pez,
una pequeña danza de la entrepierna.

Godfather Death

Eggs of my Amnesia, 1996

Significado


En rigor nada tiene significado, pues cuando no existía ningún hombre pensante no había nadie que interpretara los fenómenos. Sólo tiene significado lo no comprensible. El hombre ha despertado en un mundo que no comprende, y por eso trata de interpretarlo.

Carl Gustav Jung
Arquetipos e inconsciente colectivo
Ed, Paidós, 2009
Trad. Miguel Murmis

Ilust. Mandala realizado por un paciente de Jung

martes, 25 de julio de 2017

La oscuridad


Cuando vives en la oscuridad durante tanto tiempo, empiezas a amarla. Y ella te devuelve su amor. ¿No se trata de eso?. La oscuridad te acepta, te acoge, te cura, te permite...
Pero también te devora.

Raymond Carver

Fot. Libby Holmsen

Me dijeron


Me dijeron: sé leal.
Y entorno mío empezó el oscuro compadrazgo.
Me dijeron: sé sincera.
Y la mentira me puso un dogal en la garganta.
Me dijeron: sé buena.
Y vi como avanzaban los miserables.
Me dijeron: perdona.
Y nadie me echó una mano.
Me dijeron: resígnate.
Y así estoy.



Maldije, alabé


Maldije a la lluvia que,
azotando mi techo,
no me dejaba dormir.

Maldije al viento
que me robaba
las flores de mis jardines.

Pero tú llegaste y alabé la lluvia.
La alabé cuando te quitaste
la túnica empapada.

Pero tú llegaste y alabé el viento,
lo alabé
porque apagó la lámpara.

Wu Kieng 
Tormenta

El dedo en la boca


La niña me mira, coge un caracol, lo pone dulcemente en la palma de su mano, con la lengua lame el ente viscoso, algo húmedo, que no se mete en la cáscara. – ¿Y si un ser no puede ya ejecutar su propio gesto irremediable?.

Fleur Jaeggy
El dedo en la boca

Fot, Olga Zavershinskaya

Interpretación


El magnetismo y el cloroformo, cuando quieren hacerlo, saben a veces engendrar, también, tales catalepsias letárgicas. No se parecen en absoluto a la muerte: decirlo sería una gran mentira. Pero vayamos enseguida al sueño para que los impacientes, ávidos de esa clase de lectura, no se pongan a rugir como una manada de cachalotes macrocéfalos batiéndose entre sí por una hembra encinta. Soñaba que había entrado en el cuerpo de un cerdo, que no me era fácil salir de él y que revolcaba mi pelambre en los charcos más cenagosos. ¿Sería una especie de recompensa? Objeto de mis deseos, no pertenecía ya a la humanidad. Así entendí, yo mismo, la interpretación y experimenté una alegría más que profunda.

Conde de Lautréamont
Los cantos de Maldoror, Canto IV
Ed. Cátedra, 2012
Trad. Manuel Serrat Crespo

Fot. Irving Penn
The Tarot Reader 1949

Estar en ella


O sea, estar con ella y no al lado de ella. Más todavía: estar en ella, metido en cada uno de sus intersticios, de sus células, de sus pasos, de sus sentimientos, de sus ideas; dentro de su piel, encima y dentro de su cuerpo, cerca de aquella carne ansiada y admirada. Con ella dentro de ella: una comunión y no una simple, silenciosa y melancólica cercanía.

Ernesto Sabato
Sobre Héroes y Tumbas
Ed. Seix Barral, 2001

lunes, 24 de julio de 2017

Detener la palabra


Detener la palabra 
un segundo antes del labio, 
un segundo antes de la voracidad compartida, 
un segundo antes del corazón del otro, 
para que haya por lo menos un pájaro 
que pueda prescindir de todo nido.

El destino es de aire. 
Las brújulas señalan uno solo de sus hilos, 
pero la ausencia necesita otros 
para que las cosas sean 
su destino de aire.

La palabra es el único pájaro 
que puede ser igual a su ausencia.

Poesía Vertical (III - 17)


La vida sexual de los caracoles



El universo de los caracoles es pequeño. Es un universo sediento porque siempre están buscando agua desesperadamente. Es un universo donde con frecuencia resulta difícil encontrar sexo.
El proceso es un poco confuso, porque la mayoría de estos animales son hembras y machos a la vez, son hermafroditas.
Por lo tanto, no es el típico proceso donde chico conoce a chica, sino que tenemos a una chica-chico que conoce a un chico-chica.
Y en estas circunstancias, si ambos son macho y hembra a la vez, siempre prefieren hacer el papel del chico, del macho, porque así se ahorran el duro trabajo de producir los huevos e incubarlos.
La vida sexual de los caracoles es sorprendente. A veces se pasan tres o cuatro días probando, intentando persuadir al otro, una y otra vez, de que acepte su pene.
Hay una especie en que, después de haberse apareado, el caracol que ha introducido su pene y depositado su esperma en otro caracol se arranca el pene de un bocado y se lo inserta en su orificio femenino para evitar que el otro se aparee con él.
Y más de uno se preguntará ¿y dónde tiene el pene el caracol?

Steve Jones
Entrevista en la BBC  25.08.2012

Mús: Pereza
Todo

Crisis


La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer.

Bertolt Brecht

Fot. Herbert List

Cuando sea mayor


Cuando sea una mujer mayor, 
vestiré de morado, con un sombrero rojo 
que ni vaya a juego ni me quede bien
y gastaré mi pensión en brandy 
y guantes de verano y sandalias de raso, 
y diré que no me llega para mantequilla.

Me sentaré en la acera cuando esté cansada
y engulliré muestras en las tiendas 
y apretaré los botones de alarma.
Y pasaré mi bastón por las barandillas
y compensaré la sobriedad de mi juventud.

Saldré a la calle en zapatillas cuando llueva
y recogeré flores de los jardines de otros.
Y aprenderé a escupir.

Puedes llevar camisetas horribles 
y ponerte gorda,
y comer tres libras de salchichas de golpe.
O sólo pan y pepinillos durante toda la semana.
Y almacenar bolígrafos 
y lápices y posavasos y cosas en cajas.

Pero ahora tenemos 
que tener ropa que nos mantenga secas,
y pagar la renta y no maldecir en la calle.
Y ser un buen ejemplo para los niños.
Debemos tener amigos a cenar 
y leer los periódicos.

Pero 
¿tal vez debería practicar ahora un poco?
Así la gente que me conoce 
no se extrañará ni se sorprenderá
cuando de repente 
sea mayor 
y comience a vestir de morado.


Hendaye, France, 1932

Un compuesto



Según la tradición, el amor es un compuesto indefinible de alma y cuerpo; entre ellos, a la manera de un abanico, se despliegan una serie de sentimientos y emociones que van de la sexualidad más directa a la veneración, de la ternura al erotismo (…) El amor es intensidad y por esto es una distensión del tiempo: estira los minutos y los alarga como siglos. El tiempo, que es medida isócrona, se vuelve discontinuo e inconmensurable…

Octavio Paz
La llama doble. Amor y erotismo

Fot. Jack Burger
Secret Letter 

domingo, 23 de julio de 2017

Ella quiere


Ella quiere una casa 
llena de tazas y fantasmas
de las lesbianas del siglo pasado; 
Yo quiero un impecable apartamento, 
un ordenador rápido. 
Ella quiere un hogar
tres cuerdas de ceniza, un hacha; 
Yo quiero un hornillo de gas limpio. 
Ella quiere una hilera de tarros:
avena, cilantro, aceite virgen;
No quiero guardar nada. 
Ella quiere frasquitos de perfume,
ropa de cama, de bebé, libros de recuerdos. 
Ella quiere las reuniones de Wellesley. 
Yo quiero la reluciente tarima, 
la reflexión del río. 
Ella quiere las gambas, el sudor y la sal;
Ella quiere chocolate. 
Yo quiero un raku de arroz cocinado al vapor. 
Ella quiere cabras, pollitos, niñitos. 
Llantos y lactancia. 
Yo quiero que el viento refrescante del río 
limpie las habitaciones.
Ella quiere cumpleaños, teatros, banderas, peonias.
Yo quiero palabras como láseres. 
Ella quiere la ternura de una madre. 
El tacto anciano del río.
Yo quiero una mujer de ingenio rápido como una raposa.
Ella está en su ciudad, 
paseando con el perro, 
escuchando el tañir de las campanas del viento, 
pensando en los doce años de querer, aparte y a la vez.

Nos hemos besado todo el fin de semana; 
queremos alejarnos cientos de millas 
e intentarlo de nuevo.

De Cold River
Trad. Ana Gorría

Cate Blanchett for Vogue

La buena nueva


Que los Evangelios son obra de unos individuos de lo más siniestros es algo que se desvela desde el mismo título. En efecto, el que se califique de “buena nueva” el anuncio de que el fin de los tiempos está próximo; que muchos serán los llamados, pero muy pocos los elegidos, y que para esos muchos será el fuego eterno, el llanto y el crujir de dientes, que se tenga todo esto por una grata noticia, digo, es algo que sobrepasa todos los límites del resentimiento.

Francisco Giménez Gracia
El espejo de la diosa
Ed. Biblioteca Nueva, 2005

La caída


La caída

Hay que ir demoliendo,
poco a poco, la sombra
que vemos. Que nos dieron.
Que nos dijeron: «eres».
Hay que apretar las sienes
entre los dedos. Hay
que asentir a ese punto
—comienzo, duda o hueco—
que yace dentro.
                         Y es preciso
que en una noche todo arda
—el «eres», el «seremos»—
y un terror polvoriento
nos muestre su estructura.
Es urgente bajarse
de los dioses. Tomar
el fuego entre las manos.
Destruir esos «yo» que nos presentan
una hilera de sombras agotadas.
Y dejarse caer sobre el principio
de la vida. O del sueño.
Ser solamente vida
presente. Sin recuerdo
de ayer ni de mañana.

En el viento, hacia el mar (1959-2002)
Ed. Fund. J. M. Lara, 2002

Olor


Ayer, un nuevo amigo que acababa de conocer y con el que quedé para ir al cine, se inclinó hacia mí para susurrarme que le gustaba el olor de mi perfume. El que tú escogiste para mí hace años. Sentía que quería besarme; su aliento pesado y lento en mi cuello. Mi rostro, azul, teñido por el color que reflejaba la pantalla. No dije nada, la mirada fija al frente. Pero al final de la noche, cedí a su deseo: veintisiete besos en mi cuello y nuca, veintisiete pequeños asesinatos de ti. Y los conté con precisión. Tu rastro en mí era lavado con cada uno de sus besos. El último lo sentí tan frío... como un estilete envuelto en niebla. Casi podía distinguir el olor de tu sangre en mis manos.

Aimee Nezhukumatathil

Fot. Emmet Gowin

Aplastamiento de las gotas


Aplastamiento de las gotas.

Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.

Material plástico

Domingo


Vives así, cobijada, en un mundo delicado, y te crees que estás viviendo. Entonces lees un libro... o te vas de viaje… y descubres que en realidad no estás viviendo, que sólo estás hibernando. Los síntomas de hibernación son fácilmente detectables: El primero la intranquilidad. El segundo síntoma (cuando la hibernación se vuelve peligrosa y podría llegar a ser mortal): la falta de placer. Eso es todo. Aparece como una enfermedad inofensiva: monotonía, aburrimiento, muerte. Millones viven así (o mueren así) sin darse cuenta. Trabajan en oficinas. Conducen un coche. Van de picnic con sus familias. Crían niños. Y entonces un tratamiento de shock ocurre: una persona, un libro, una canción, y esto los despierta y los salva de la muerte. Algunos nunca despiertan.

Anaïs Nin
Diario I 1931-34
Ed. RBA, 2009
Trad. Enrique Hegewicz

Mús: The Velvet Underground & Nico
Sunday Morning

sábado, 22 de julio de 2017

La forma de querer tú


La forma de querer tú
es dejarme que te quiera.
El sí con que te me rindes
es el silencio. Tus besos
son ofrecerme los labios
para que los bese yo.
Jamás palabras, abrazos,
me dirán que tú existías,
que me quisiste: Jamás.
Me lo dicen hojas blancas,
mapas, augurios, teléfonos;
tú, no.
Y estoy abrazado a ti
sin preguntarte, de miedo
a que no sea verdad
que tú vives y me quieres.
Y estoy abrazado a ti
sin mirar y sin tocarte.
No vaya a ser que descubra
con preguntas, con caricias,
esa soledad inmensa
de quererte sólo yo.


Marie-Sophie Wilson

Mirada


Sólo al borde del acto sexual, cuando han caído ya los principales obstáculos, se vuelve lánguida la mirada y favorece la actitud de abandono: los ojos permanecen justo lo bastante abiertos como para sugerir un acto que los haga cerrarse en beneficio del goce (...) los ojos tratan de expresar que uno esta dispuesto a prescindir de todo acto defensivo u ofensivo, y para ello la mirada se desvanece, se relaja, dispuesta a renunciar a su función habitual: ver

François Duyckaerts
La formación del vínculo sexual
Ed. Guadarrama, 1966

Fot. Donata Wenders

La poesía


La poesía:
una ballesta.
Y en el punto de mira,
un corazón.

El arte en la era del consumo
Ed. Sial, 2001

Dos orquídeas


En el cuaderno de recuerdos, Kishiyama había escrito con su típica caligrafía: 
"Todo cuanto existe sigue el curso del agua". 
A la izquierda había un espacio vacío. En él escribí: 
"Una sombra solitaria espera callada la nieve". 
Cuando terminé de escribir saboreé las palabras. El poema había quedado como si Kishiyama y yo hubiésemos venido juntos y juntos lo hubiésemos escrito.

Pimera nieve en el monte Fuji

Two orchids 1932

En algún esbozo te encontraré


En algún esbozo te encontraré, en el medio de nada. En el medio de todo. Sabrás mecerme entre los laterales de la mirada. Como a todo, y pese a todo, sabré correrme a la deriva. De un sólo tirón. Pareciera que decidimos hacer espontáneo el momento curvo de la escisión entre la percepción y las palabras (o los gestos, o las manos entre cepas y llamaradas). He aquí la anodina pared de las curtiembres, de las ríspidas miradas, esqueléticas de alma, insufribles de desenlace. Queísmos componen mi alma. Queísmos y fallas gramaticales. En algún esbozo te encontraré, en el medio de nada.

Gonzalo R. Roncedo
De un solo tirón
Punto vacío
Ed. La aguja de Buffon, 2012

No puedo quejarme


Ya no puedo quejarme:
de este lado tampoco sobra tiempo
ni tenemos a nadie que nos premie.
Apenas, si rebusco, encuentro voces
para decir adiós uno por uno
a todos esos días iguales a linternas.
Soy un árbol o casi,
una copa encendida,
una rama curiosa,
un tronco que pregunta,
una raíz con ganas,
un pedazo de tierra conmovido.

Década (Poesía 1997-2007)
Ed. Acantilado, 2008


Evitar


En la realidad
sé que debe ser así,
pero qué tristeza
cuando hasta en sueños
me sigues evitando.


Poesía clásica japonesa
Ed. Trotta, 2005. 
Selecc, y Trad. Torquil Duthie

viernes, 21 de julio de 2017

La mujer de Lot


Tal vez miré hacia atrás por curiosidad.
Pero además de curiosidad pude tener otras razones.
Miré hacia atrás porque me dio tristeza la escudilla de plata.
Por distracción: amarrándome el cordón de la sandalia.
Para no mirar más la nuca justa
de mi marido, Lot.
Por la seguridad repentina de que si yo muriera,
él no se detendría.
Por la desobediencia natural de los humildes.
Escuchando cómo nos perseguían.
Conmovida por el silencio, pensando que Dios cambiaría de idea.
Nuestras dos hijas se perdían ya tras la colina.
Sentí la vejez en mí. El alejamiento.
Lo inútil de viajar. Sueño.
Miré hacia atrás mientras ponía mi hatillo en el suelo.
Miré hacia atrás preocupada por el siguiente paso.
En mi camino aparecieron serpientes,
arañas, ratones de campo y polluelos de buitre.
Ni buenos, ni malos; simplemente lo vivo, todo,
brincaba y se arrastraba por un temor colectivo.
Miré hacia atrás por soledad.
Por la vergüenza de huir a escondidas.
Por las ganas de gritar, de regresar.
O porque justo entonces se soltó el viento,
desató mi pelo y me levantó el vestido.
Sentí que me veían desde los muros de Sodoma
y se morían de risa, una y otra vez.
Miré hacia atrás llena de rabia.
Para gozar plenamente su ruina.
Miré hacia atrás por todas las razones mencionadas.
Miré hacia atrás sin querer.
Fue sólo que una roca giró gruñendo bajo mis pies.
Que una grieta de pronto me cortó el paso.
En la orilla un hámster agitaba las patas delanteras.
Y entonces ambos miramos hacia atrás.
No, no. Yo seguí corriendo,
arrastrándome y trepando
hasta que la oscuridad cayó del cielo,
y con ella grava ardiendo y aves muertas.
Por falta de aliento varias veces perdí el equilibrio.
Si alguien me hubiera visto, pensaría que bailaba.
Es posible que haya tenido los ojos abiertos.
Que haya caído mirando hacia la ciudad. 

La mujer de Lot

Fot. Helena Almeida

El arte de perder


El arte de perder no es muy difícil;
tantas cosas contienen el germen de la pérdida, 
pero perderlas no es un desastre.
Pierde algo cada día. Acepta la inquietud de perder
las llaves de las puertas, las horas malgastadas.
El arte de perder no es muy difícil.
Después intenta perder lejana, rápidamente:
lugares, y nombres, y la escala siguiente de tu viaje. 
Nada de eso será un desastre.
Perdí el reloj de mi madre. 
¡Y mira! desaparecieron
la última o la penúltima de mis tres queridas casas.
El arte de perder no es muy difícil.
Perdí dos ciudades entrañables. 
Y un inmenso reino que era mío, 
dos ríos y un continente.
Los extraño, pero no ha sido un desastre.
Ni aun perdiéndote a ti 
(la cariñosa voz, el gesto que amo) 
me podré engañar. 
Es evidente
que el arte de perder no es muy difícil,
aunque pueda parecer un desastre.


Fot. Pi Erre