miércoles, 22 de noviembre de 2017

Desde que te conocí


Desde que te conocí, llevo en el bolsillo un pintalabios, es algo estúpido llevar pintalabios en el bolsillo, cuando tú me miras tan serio, como si vieras en mis ojos una iglesia gótica. Y yo no soy ningún templo, sólo un bosque y un prado, un temblor de hojas que buscan tus manos. Allí detrás suena el río, es el tiempo que huye, y tú le dejas pasar entre los dedos y no quieres atrapar el tiempo. Y cuando me despido de ti, mis labios pintados quedan intactos, y yo igual llevo el pintalabios en el bolsillo, desde que sé que tienes labios hermosos.

Halina Poświatowska

Fotograma de "La soledad" de Jaime Rosales, 2007

Szymborska



Ella le había pedido algo de Szymborska y él le ha traído una botella de vodka "aunque no de esa marca".

Así querría yo


Así querría yo mi último poema.
Que fuese tierno diciendo las cosas más simples
y menos intencionadas,
que fuese ardiente como un sollozo sin lágrimas,
que tuviese la belleza de las flores casi sin perfume,
la pureza de la llama en que se consumen
los diamantes más límpidos,
la pasión de los suicidas que se matan sin explicaciones.


La ceguera de tu mano


La ceguera de tu mano.

De vez en cuando hago que estoy ciega.
Mis dedos se convierten
en buscadores de relieves familiares
y escucho la voz de mi padre
que me llama por mi nombre,
sin confundirme con mis hermanas.

Y mi cuerpo es un trozo de barro
que modela tu boca.

Pero la oscuridad de mi noche oculta
un abrazo perverso 
que me tapa los ojos
y también me deja sorda y sin voz
para que no te oiga,
para que no me oigas.

Y el cuerpo se deshace, se va perdiendo
y la ceguera es la costumbre de tu mano
para no vernos más.

La ceguera de tu mano

Fot. Roberto Kusterle

En la última secuencia del grito


En la última secuencia del grito

Me he quedado a solas 
en el centro del grito.
No hay ventanas ni puertas entreabiertas.
Y no sé si la oscura melodía
de este estridente acorde
me salva o me condena.

En Vitrinas para el caos
Ed. Raspabook, 2014

Fot. Roberto Kusterle

Tocar al Otro


Uno escribe porque ha sido tocado por el anhelo de, y la desesperación de no poder, tocar al Otro.

Charles Simic
El monstruo ama su laberinto
Ed. Vaso Roto, 2015
Trad. Jordi Doce

Pint. Jarek Puczel
Entangled

martes, 21 de noviembre de 2017

Las generosas ocasiones


Y tú amor mío, ¿agradeces conmigo
las generosas ocasiones que la mar
nos deparaba de estar juntos? ¿Tú te acuerdas,
casi en el tacto, como yo,
de la caricia intranquila entre dos maniobras,
del temblor de tus pechos
en la camisa abierta cara al viento?

Y de las tardes sosegadas,
cuando la vela débil como un moribundo
nos devolvía a casa muy despacio…
Éramos como huéspedes de la libertad,
tal vez demasiado hermosa.

El azul de la tarde,
las húmedas violetas que oscurecían el aire
se abrían
y volvían a cerrarse tras nosotros
como la puerta de una habitación
por la que no nos hubiéramos
atrevido a preguntar.
Y casi
nos bastaba un ligero contacto,
un distraído cogerte por los hombros
y sentir tu cabeza abandonada,
mientras alrededor se hacía triste
y allá en tierra, en la penumbra
parpadeaban las primeras luces.

Usuras y figuraciones: Poesía Completa
Ed. Lumen, 2016


Se ve andar



Un hombre lleva las cenizas de un muerto en su pequeño atadijo bajo el brazo. Llueve. No hay nadie. Anda como si pudiera llevar su paquete a algún destino. Se ve andar. Se ve en una paramera sin fin. Al término, el ingreso devorador lo aguarda del ciego laberinto.

José Ángel Valente
No amanece el cantor
Ed. Tusquets, 1992

Mús. Nick Cave & Warren Ellis
The road

Lo real


La esfera de lo que llamamos real o realidad suele quedar acotada por lo que somos capaces de imaginar como real en un momento dado. La realidad y sus realismos suelen ser el fruto de una imaginación impotente, no capaz de imaginar otra cosa.

José Ángel Valente
Notas de un simulador
Ed. La Palma, 1997

Fot. Robert Doisneau
The Stairway, 1952

Permanece cerca de mí


Permanece cerca de mí,
solo entonces
no siento el frío
que sopla atraviesa el espacio.

Cuando pienso
qué grande es
 y qué soy yo,
entonces necesito 
tus dos brazos cerrados.

Esos dos rayos de universo.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Cuarto oscuro


Pasan las horas,
árbol, piedras, agua.
Un poco de paz
en un cuarto oscuro.


Vuela

Vuela
está en su lugar
allí en el cielo.

Hacia ti


Hacia ti
a través del tiempo
a veces tan cerca
que casi te toco

no sé
dónde acaba la memoria
dónde empieza la realidad

el reloj de mi cuerpo
se ha averiado

tozudamente revive
los instantes
ya resecos
en el interior de los árboles

el tiempo no sabe solidificarse
fluye
a través de la sangre.


That Long Reach, 2017

Recordar


Habían estado buscándolo por todas partes. Isabel finalmente se había ido. Eso dijeron, que se había ido, como si se hubiera levantado por su propio pie. Una hora antes, cuando habían pasado a verla, estaba como siempre. Y ahora se había ido.
A menudo Ray se había preguntado qué cambiaría.
Y de pronto el vacío de su ausencia le parecía asombroso.
Miró a la enfermera, perplejo. Ella pensó que iba a preguntarle lo que había que hacer a continuación, así que empezó a explicárselo. Le informó de todo. Ray la entendía perfectamente, pero seguía ensimismado.
Creía que lo de Isabel había sucedido hacía mucho tiempo, pero no. No hasta ese momento.
Isabel ya no estaba. Había desaparecido definitivamente, como si nunca hubiera existido. Y la gente actuaba con prisas, como si ese hecho atroz pudiera superarse cumpliendo con las formalidades. También Ray obedeció las costumbres, firmó donde le dijeron que firmara, para disponer de los restos. Eso dijeron.
Qué excelente palabra: "restos". Como algo que se seca y forma capas mohosas en un armario.
Y antes de darse cuenta estaba de nuevo en la calle, fingiendo que tenía una razón tan buena como cualquier otra persona para poner un pie delante del otro.
Cuando lo que llevaba consigo, lo único que llevaba consigo era una carencia, la sensación de que le faltaba el aire, de que los pulmones no le funcionaban bien, una opresión que creyó que no lo abandonaría nunca.
La chica con la que había hablado, a la que conocía de antes, mencionó sus hijos. La pérdida de sus hijos. Acostumbrarse a eso. Un problema a la hora de la cena.
Podría decirse que era una experta en pérdidas: a su lado, Ray era un novato. Y de pronto no pudo recordar su nombre. Había perdido el nombre de la chica, a pesar de que lo sabía. Vaya racha de pérdidas. Vaya broma.
Iba subiendo los escalones de su casa cuando le vino a la cabeza.
Leah.
Recordarla fue un alivio completamente desmesurado.

Alice Munro
‘Irse de Maverley’, relato de ‘Mi vida querida
Ed. Lumen, 2013
Trad. Eugenia Vázquez

Fot. Jean Roubier
Route de Flandre. France, 1940s.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Sin techo


El sol ya está alto, es tarde para los cárabos. Conozco al hombre al otro lado del río, y sé que tiene que estar cabreándose. Probablemente esté sentado en un tronco húmedo, con los pies y las piernas ateridos y con calambres provocados por la inmovilidad. También conozco al otro cazador, al del reclamo para pavos. Esta semana, lo que esos dos hombres quieren es un pavo muerto.
Yo también quiero un pavo, pero el mío lo quiero vivo y en una semana veré cumplido mi deseo y los oiré graznar al amanecer. Pero quiero más. Quiero azulillos índigo cantando sus pareados a primera hora de la mañana. Quiero leer José y sus hermanos de Thomas Mann otra vez. Quiero hojas de roble y flores de cornejo y luciérnagas. Quiero saber cómo está la tierra en Coon Hollow, al norte. Quiero que Asher se entere de lo que les pasa a los ácaros del oído de las polillas en invierno. Quiero enseñarles a Liddy y a Brian las enormes rocas que hay al fondo de la hondonada del arroyo. Quiero saber mucho más sobre las arañas morgaño. Quiero escribir una novela. Quiero bañarme desnuda en el río al calor del sol.
Por eso he dejado de dormir en la cabaña; una casa es demasiado pequeña, demasiado restrictiva. Quiero el mundo entero, y también las estrellas.

Sue Hubbell
Un año en los bosques
Ed. Errata Naturae, 2016
Trad. Miguel Ros

Fot. Yama Bato


Johann Heinrich Schmelzer, Ciaccona in A Major

Le gustaba abandonarse


Le gustaba abandonarse y soñar despierta, pero un pudor casi exacerbado le impedía hacer a los demás la más mínima insinuación sobre sus vivencias espirituales, aunque su alma temblaba bajo la presión de las palabras no pronunciadas, como vacila la rama de un árbol bajo el peso de sus frutos demasiado maduros. (…)
Ya desde su más tierna juventud, la oscura conciencia de su carácter tímido y su reservada soledad le había enseñado a no contemplar las cosas como algo frío y sin vida, sino como amigas calladas que confiaban sus secretos y ternuras a quien las escuchaba. Libros y cuadros, paisajes y piezas musicales le hablaban a ella, que había conservado la capacidad poética del niño que ve en objetos pintados, en cosas inanimadas, una realidad de colores gozosa y viva. Y estas habían sido sus solitarias alegrías antes de que le llegase el amor. (…)
La sensualidad se desliza como ensoñación y como dichosa fantasía, como vanidad y goce estético, pero al final llega el momento en que se arranca todas las máscaras y rasga los velos que la ocultaban.

Ed. Acantilado, 2011
Trad. Roberto Bravo

Solitude, 2009

En medio del tedio


En medio de este tedio abrumador, rodeada de personas que más se asemejan a manchas grises, que sólo dicen banalidades, que se limitan a comer, beber y dormir, viene él de vez en cuando, distinto a los demás, bien parecido, interesante, atractivo, como un rayo de luz en las tinieblas.

Antón Chéjov
Tío Vania

Fot. Jörg Heidenberger

La voluntad desaparecida


A veces él tenía un descorazonamiento inmenso que lo imposibilitaba para la acción, luego reaccionando, se decía que en alguna parte se encuentra la mujer que injertaría en su vida nuevas esperanzas y energías, y confortado por la tibia certidumbre dejaba pasar los días. No tenía prisa, sus ilusiones eran cortas. Vivía porque el azar lo había colocado en el planeta Tierra. Con gesto perezoso recogía lo que estaba al alcance de sus manos, su voluntad había desaparecido para siempre.

Roberto Arlt
El amor brujo

Fot. Josef Hoflehner

jueves, 16 de noviembre de 2017

Sentir



Una vez tuve dos perras que prestaban mucha atención a que todo fuera repartido de forma justa: la comida, las caricias, los privilegios. Los animales tienen muy desarrollado el sentido de la justicia. Recuerdo su mirada cuando yo hacía algo incorrecto, cuando las reñía inmerecidamente o no cumplía lo prometido. Me miraban terriblemente disgustadas, como si no pudieran entenderlo en absoluto, como si yo hubiera violado una ley sagrada. De ellas aprendí una justicia absolutamente básica y real. -Callé por un instante y después añadí-: Nosotros tenemos una forma de concebir el mundo y los animales tienen una forma de sentirlo.

Olga Tokarczuk
Sobre los huesos de los muertos
Siruela, 2016
Trad. Murcia Soriano

Fot. Nick Jans

y otra...


Señor,
ahora que mi piel y la suya
-después de las sábanas-
han formado un nuevo "collage" en el agua,
no es el mejor momento para hablarte,
desde luego,
pero aprovechando que estoy arriba
y usted debajo,
quisiera decirle
-casi no me atrevo con sus ojos-
que no puedo más,
que voy a pararme.

-Era el placer como una de esas muñecas rusas que se abren
y aparece otra
y otra...-


Monstruo


Quién no se ha preguntado a sí mismo alguna vez: ¿Soy un monstruo o es esto lo que significa ser una persona?

Clarice Lispector

Fot. Xooang Choi

¿Qué estarán pensando?



Ingrid Bergman en la localización para la película de 1950 "Stromboli", de Roberto Rossellini, en Italia. 

Hay una serie de técnicas de composición combinadas en esta imagen para crear el efecto global.

La foto ha sido tomada desde un punto de vista "alto". La cámara está mirando hacia abajo gradualmente a Bergman. La toma ha sido hecha con una lente de ángulo razonablemente amplio, lo que permite a Bergman, que es el elemento clave de la toma, ser central, pero es capaz de incluir elementos de interés en el fondo.

Hay un contraste fuerte y evidente de la bella actriz y las mujeres mayores oscuras en el fondo. Ella está vestida de blanco y ellas de riguroso negro, con chales que cubren sus cabezas. Las mujeres del fondo se ven casi religiosas. No puede distinguirse con claridad pero la mirada que le dirigen sugiere algo entre la curiosidad y la censura, en todo caso, una cierta extrañeza, la certeza de lo diferente.
Bergman puede sentir sus ojos y emite una vibración muy introvertida. El espectador no puede sino ayudar a imaginar lo que las mujeres están pensando.

La mirada de Bergman está siguiendo la dirección de la trayectoria que divide la imagen en diagonal, mientras que la de las mujeres es perpendicular a esa trayectoria. También hay contraste entre la dirección que se espera para las dos partes en el momento siguiente. Las mujeres van a continuar por el camino a la parte superior derecha, y Bergman se ve como si se va a dirigir hacia la esquina inferior izquierda.

Fot. Gordon Park

Aburrimiento


No saber nada, no aprender nada, no querer nada, no sentir nada, dormir y después volver a dormir: éste es hoy mi único deseo, infame, repulsivo, pero sincero.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Sin previo aviso


La tarde se convirtió en noche. A veces no hay advertencias. Las cosas ocurren en segundos. Todo cambia. Estás vivo. Estás muerto.
Y todo sigue adelante.

Charles Bukowski

Fot. James Karales
Lower East, 7th Street. 1969

Mírate en el río


Ah, mírate en el río
que se lleva tu imagen;
así se van las tardes
libres de ti, al olvido.

Inclinado, en el gesto
del que sacia la sed,
¿alguna vez veré
tu cara entre mis dedos?

preludios y sonetos
Ed. Alfaguara, 2009

Frontera

Desnudo en sombra


Desnudo en sombra
             
Volverse a enamorar.
Besar una piel que sabe distinto,
no encontrar puntos de referencia
que indiquen el momento justo,
la caricia perfecta,
la mano compañera.
Retornar a un cuerpo nuevo
sin los huecos del anterior,
no poder palpar una nuca excitada,
una espalda con escalofríos conocidos.
Qué pobre se queda
el intento de amar igual a la primera vez.
Cómo pesa una boca tan sabida,
tan llena de humo compartido
ante la desconocida tan poco explorada, tan miedosa.
Cuánto cuesta abandonarte, lavarme de tu olor,
quitarme las huellas de tu peso,
desdoblarme en otra Almudena
y comenzar a hacer mía una figura
de la calle que me gusta y que ¿quiero?
poseer, pero... tú, ahí estás tú,
traspasando con tu desnudo mi sombra,
consolándome pesaroso de mi dolor al terminar,
tu sonrisa y tu cigarrillo,
ese brazo moreno rodeando mi cintura
y llevándome a un lecho desordenado...
y tus manos de violinista
volando y enredándose en mis senos.


Flow


Cuando alguien que de verdad necesita algo, lo encuentra, no es la casualidad quien lo procura, sino él mismo. Su propio deseo y su propia necesidad le conducen a ello.

Hermann Hesse
Demian

La tacita




 

He vertido café en la tacita, he añadido la sacarina, remuevo con la cucharilla y, cuando la saco, observo en la superficie del líquido caliente un pequeño remolino en el que se dispersa en forma elíptica la espuma del edulcorante mientras se disuelve. Me recuerda de tal modo una galaxia que, en los cuatro o cinco segundos que tarda en desaparecer, imagino que lo ha sido de verdad, con sus estrellas y sus planetas. ¿Quién podría saberlo? Me llevo ahora a los labios la tacita y pienso que me voy a beber un agujero negro. Seguro que la duración de nuestros segundos tiene otra escala, pero acaso este universo en el que habitamos esté constituido por diversas gotas de una sustancia en el trance de disolverse en algún fluido antes de que unas gigantescas fauces se lo beban.

José María Merino
La tacita

Fot. Duane Michals

martes, 14 de noviembre de 2017

Cantan nanas


Tiendo la mano y te busco
en una habitación oscura y silenciosa
para llevarte a un sitio secreto,
no muy lejos de aquí,
donde las estrellas brillan
y cantan nanas
a los corazones heridos.

Fot. Masao Yamamoto

Numeración incorrecta



"Un día me compraré un caballo de éstos. Rosa y con alas", dice la niña y señala, en el libro abierto sobre sus muslos, la foto de un flamenco. 
El hombre, alentado por tanta inocencia, se quita la chaqueta, estrecha su acercanza y escarba los bordes de la hoja sesgada mientras le explica que alguien arrancó una página entre definición e imagen, que después del doce no viene el quince y que imagínate si Genghis Khan hubiera dominado Mongolia sobre un ave de tan frágiles patas. 
Como si la niña no supiera. Como si no apretara en su puño la hoja extirpada. Como si las cosas no pudieran ser de otra forma.

Isabel González
Numeración incorrecta

Collage Joe Webb

Un ala de mariposa


Ya sólo quiero la fría, cenagosa acequia,
donde un niño pesaroso se agacha al anochecer
para soltar de sus dedos un barquito de papel,
tan frágil como un ala de mariposa.

Montaña rusa


Entro en el vagón, me siento y bajo la barra de seguridad. Suena un pitido y empezamos a avanzar por los carriles. Primero una subida lenta, muy lenta, que hace presagiar una bajada vertiginosa; pero no, hay un llano y después cae con suavidad, luego otra subida y ahora sí, triple vuelta de campana, estómago en la garganta, ojos fuera, gritos de pánico. Llano rápido y una bajada, ya caemos en picado, los pelos se quedan arriba, las manos aferradas a la barra, hasta te levantas un poco del asiento. Subida otra vez y luego vuelta, giro, vuelta, giro, un llano largo lleno de temores y por fin una bajada por un túnel que parece no terminar nunca. Al salir, media vuelta y se terminó. Respiro. Ahora por fin sé que ya te has ido para siempre.

Ana Vidal Pérez de la Ossa
Érase una vez

Fot. Jose Vital

Planchar es ordenar la Historia


Planchar es ordenar la Historia.

Las toallas,
blancas y azules,
al lado de Napoleón.

La aspereza de los trapos de cocina
con las centurias romanas.

Ese jersey de caballero
me gusta para Saladino.

Ciertas camisas
de vuelta a la lavadora.

No hay quien les quite las manchas.


Girls Ironing and Reading, 1958

El fluir del instante


En fotografía, el desenfoque y el movido se relacionan directamente con el tiempo a partir del mismo tiempo de obturación, la fugacidad o la dilación del corte efectuado por el fotógrafo en la duración determina la definición de las formas. Si el corte no es lo suficientemente fugaz, como para congelar cualquier forma en movimiento, ya sea el de la propia vibración del fotógrafo o el del referente, la imagen que se genera resulta borrosa. Ésta, por su naturaleza, se opone al concepto de instantánea ya que no congela ni atrapa las formas en una especie de eterno presente sino que, por el contrario, se identifica por la fluidez de sus límites y por su carácter abierto, convirtiéndose en un signo de devenir que más bien sigue el transcurso del tiempo.

José Saborit

Fot. Emilio Morenatti AP
Barcelona, 11 Nov 2017

La mirada sin dueño


La mirada sin dueño.

He viajado en ferrocarril durante largo tiempo y mirando por la ventanilla, a través de un cristal que por momentos se hacía invisible, me parecía que las casas, los campos, los árboles, las nubes y los infinitos accidentes volaban en torno mío hasta producirme vértigo. He creído enloquecer mirando afuera, intuyendo la secreta estructura de las cosas, dejando que mi mirada se perdiera en lo que pasa, perdiéndome en una mirada que ya no puedo llamar mía. A esa sumisión del alma, plegarse pasivamente ante la belleza en lugar de poseer una idea activa que controle la experiencia, Leon Battista Alberti la llamaba "lentezza d'animo", y creo que Nietzsche denominaba "tener los ojos débiles" a algo semejante: la incapacidad de dirigir el sentido de las cosas con la mirada; sin embargo, prefiero la feliz expresión de Claudio Rodríguez: "esa mirada que no tiene dueño", que cierra su poema "Porque no poseemos (La mirada)", toda una teoría del mirar con desprendimiento.

José Saborit

El silencio del recuerdo


Es curioso que todos los recuerdos que evocamos tengan una cualidad. Siempre están llenos de silencio; es su característica más acusada, y aunque en la realidad fuese lo contrario, no por ello dejan de producir esa impresión. Y son apariciones mudas, que me hablan con miradas y gestos, sin recurrir a la palabra, silenciosamente. […] Son silenciosas porque, precisamente, el silencio es para nosotros un fenómeno incomprensible. […] El silencio es la razón por la que las imágenes del pasado despiertan en nosotros más tristeza que deseo, una melancolía inmensa y desatinada. Esas cosas han sido, pero no volverán a ser jamás. Son cosas pasadas; forman parte de otro mundo,  extinguido para nosotros.

Erich Maria Remarque
Sin novedad en el frente
Edhasa, 2003
Trad. Judith Vilar

Fot. Didier Jacquet

La sombra está en la estancia


La sombra está en la estancia
sobre el cuadro de sol.
Nada se escucha, menos las esporas de la luz.
Se siente el bulto de quien respira,
su atención expectante, remota.

Sombra sin cuerpo
De Precisión de una sombra, 1984

Spaces, 1977

domingo, 12 de noviembre de 2017

Despertar


El despertar

En los bordes del sueño abre 
los ojos. Sin abrirlos. Algo 
despierta, 
la conciencia de una 
continuidad. 
De otra 
continuidad. Y, entonces, 
el milagro: la hierba. 
Bajo los pies, creciendo. 
¡La hierba! 

Desde dentro


Los gusanos de seda son seres que meditan recluidos. Como metiéndose en una trampa construida por ellos mismos, se meten en la cueva blanca, cierran la puerta y esconden silenciosamente sus cuerpos. En esos momentos solitarios de gusano encogido, empieza la transformación de la existencia. Sus células se alinean de nuevo y aparecen las alas que no poseían. ¿Esa misteriosa transformación habría sido posible sin la fuerza del sueño? Un día, esa cara de claridad solar matutina, sale abriendo la caverna. Como afectado por una mortificación, tan sólo después de la dolorosa noche de alquimia, empieza el aleteo de esos habitantes del cielo. No existe el rey de los gusanos de seda que perfore la salida desde afuera. Los gusanos de seda saben que siempre tienen que perforar por sí mismos la pared y que deben hacerlo desde adentro.

Choi Seung-Ho
Autobiografía de hielo
Ed. Bajo la luna, 2010
Trad. Kim Un-kyung y Oliverio Coelho

Fot. Israel Ariño

Palabras, lenguaje


Cansado de todos los que llegan con palabras, 
palabras, pero no lenguaje,
parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras.


Tenía un disfraz


Tenía un disfraz de frase bonita.
- Mujer - le dije -, quiero conocer el contenido.
Pero ninguna de las palabras con que ella se había vestido
estaba en el diccionario.